Los mejores consejos para ser un padre eficaz

DBT-C, Español, Supersensitivo / Por Francheska Perepletchikova / Traducción: Fréderic Larbanois

Ser padres es el trabajo más exigente y de mayor responsabilidad que tenemos. Y es un trabajo muy exigente, ya que tenemos que enseñar a nuestros hijos, corregir su comportamiento y establecer límites, lo que conlleva que los niños, naturalmente, nos presionan y nos castigan por hacer todo ese maravilloso trabajo de padres, ya que 1) todo aprendizaje implica cambio, y el cambio introduce incertidumbre; 2) cuando se nos dice lo que tenemos que hacer, se restringe el control; 3) cuando ponemos límites, se restringe la libertad de elección; y 4) cuanto más cariñosos, aceptadores, comprensivos, validantes y coherentes somos, más nos dan por seguros nuestros hijos, ya que no amenazamos sus sentidos fundamentales de amor propio, seguridad y pertenencia. 

Como en cualquier otro trabajo, tenemos que aprender a ser padres eficaces. Sin embargo, aunque necesitamos obtener una licencia para pescar-cazar, eventualmente, no estamos obligados a educarnos en la crianza de los hijos antes de considerar la posibilidad de formar una familia. La mayoría de nosotros asumimos que seremos unos padres maravillosos, más allá que  admitamos que no hayamos tenido una crianza demasiado adecuada. Podemos pensar que seremos buenos padres simplemente si hacemos lo contrario de lo que nos hicieron nuestros padres. Sin embargo, esto no es más que una ilusión. Nuestros padres modelaron una forma particular de criar a los hijos, que se grabó como un programa en un ordenador biológico: nuestro cerebro, lo cual nos expone a un alto riesgo de repetir los mismos comportamientos. Por ejemplo, un niño al que se castiga físicamente no piensa: “¡Qué manera tan maravillosa de darme una lección! Haré lo mismo con mis hijos”. ¡No! Piensan que nunca infligirán el mismo dolor a sus propios hijos. ¿Y qué crees que pasará cuando esa persona tenga hijos? Lo más probable es que esa persona también empiece a castigarlos físicamente. Este es el mecanismo que subyace a la transmisión transgeneracional de la violencia. Además, aunque nos empeñemos en evitar hacer lo mismo que nuestros propios padres, esto no será suficiente, dado que sólo sabemos lo que NO debemos hacer, pero seguimos sin saber qué hacer en su lugar, por lo que estamos condenados a repetir los mismos errores. 

Este post es una introducción a los fundamentos de una crianza eficaz. 

Como padres, tenemos tres tareas principales que hacer: proteger, modelar y enseñar. 

1. Protección

Nuestra sensación de seguridad requiere protección y los padres son nuestros únicos protectores. ¿Quién más puede protegernos? ¿Nuestras parejas? ¿Nuestros amigos? ¿Nuestros hijos? Incluso cuando crecemos, la necesidad de protección sigue siendo igual de fuerte, que es una de las razones por las que los humanos inventaron el concepto de Dios como nuestro Padre Celestial, que nos protege, nos guía, nos castiga y nos refuerza.

Así pues, un padre eficaz es un padre-protector. El papel de protector requiere 1) nuestra capacidad de saber qué hacer, 2) tener la capacidad de hacerlo, 3) ejercer el control y 4) tener una relación en la que no tengamos miedo del niño y el niño no tenga miedo de nosotros. La protección eficaz no puede darse si un progenitor: 1) no sabe cómo satisfacer las necesidades del niño de forma eficaz, 2) no controla sus propias respuestas, 3) no mantiene con firmeza las contingencias, 3) se acomoda, (lo que demuestra temor al niño), y 4) se muestra demasiado punitivo, impredecible y perjudicialmente invalidante como para que el niño tenga miedo de su progenitor. 

Por lo tanto, para ser un protector necesitamos 1) aprender una crianza eficaz, 2) ganar control sobre nuestras propias respuestas, 3) modelar comportamientos adaptativos, 4) mantener el control de las contingencias y 4) construir una relación con nuestros hijos basada en la confianza y el respeto mutuo. 

Padres, por favor, reconozcan que ustedes son los reyes y reinas de sus hogares. Ustedes tienen todo el poder, ya que sus hijos dependen totalmente de ustedes. ¡Reclámenlo! Los reyes y las reinas no preguntan a sus súbditos lo que tienen que hacer, sino que les dicen lo que tienen que hacer. Lo mismo se aplica a la crianza de los hijos. Tomando en consideración lo que más les conviene, teniendo en cuenta sus perspectivas y necesidades, y tras recabar toda la información necesaria para tomar una decisión con conocimiento de causa, cuando llegamos a una decisión, les decimos a nuestros hijos lo que tienen que hacer. Por supuesto, no podemos controlar a nuestros hijos y pueden negarse a seguir instrucciones. Por eso necesitamos un control firme de las contingencias. Los niños tienen que aprender que vamos en serio y que no hay margen de maniobra; de lo contrario, enseguida convierten una pequeña grieta en un Gran Cañón, y así es como nos derrocan. 

Por ejemplo, usted decide que su hijo tiene una hora para usar un dispositivo. Su hijo lo sabe, pero se niega a dejarlo. Por favor, no discuta ni debata y, por supuesto, no intente forcejear con su hijo por un dispositivo. En lugar de eso, antes de pedirle que se desconecte de un dispositivo, asegúrate de que puedes convertir los dispositivos de tu hijo en “ladrillos” con sólo pulsar un botón de tu propio teléfono, de este modo, no habrá margen de maniobra: el tiempo de un dispositivo será de 60 minutos y no de 60 minutos y 25 segundos, y si su hijo se niega, simplemente lo conviertes en un “ladrillo”.

Si discutes con tus hijos, si te peleas con ellos, si les “echas un pulso”… habrás perdido, sea cual sea el resultado, porque también habrás perdido la autoridad parental. Y este es uno de los principales aspectos de ser un protector. Tu hijo no hará lo que tú quieres que haga si no tienes autoridad. Como si fueras un guardaespaldas y le dijeras que se agachara y se mantuviera bajo fuego cruzado, y en lugar de eso la persona a la que estás protegiendo decidiera correr y recibiera un disparo, porque no confiaba en ti y no te veía como una autoridad. ¿De quién fue la culpa? Para ganar y mantener la patria potestad, hay que controlar las contingencias. Si no puedes controlar una contingencia, ni siquiera la menciones. Por ejemplo, decirle a tu hijo que “si no haces los deberes, no podrás ver la tele”, pero luego no puedes controlar la posibilidad de que tu hijo vea la tele, tu hijo podrá tomar el control remoto y encenderla. ¿Qué vas a hacer? ¿Pelear?

Además, para ser un protector eficaz, tenemos que evitar quedarnos atrapados. Así pues, en todo momento nuestra postura parental tiene que equilibrar los dos lados de la Dialéctica: 1) lado estable -te quiero porque existes, acepto todo lo que haces por validación y SIN margen de maniobra-; y 2) lado flexible -tengo en cuenta toda la información posible, incluidas la perspectiva y las necesidades de mi hijo, a la hora de tomar decisiones, y cambio mis decisiones cuando llega nueva información-. 

Hay tres operaciones principales de ganancia/pérdida en la crianza de los hijos:

1. Mi ganancia/la ganancia del niño: por ejemplo, refuerzo, diversión con los hijos y desarrollo de la reciprocidad.

2. Mi pérdida/la ganancia del niño: por ejemplo, ignorar y validar son buenos ejemplos, ya que estas técnicas son en su mayoría incoherentes con el estado de ánimo, lo que significa que no querrás utilizarlas. Sin embargo, si lo haces, el funcionamiento de tu hijo mejorará.

3. Mi ganancia/la pérdida del niño: por ejemplo críticas, juicios, agresiones verbales y físicas, etc. Éstas son nuestras ganancias porque queremos hacerlas en ese momento. Estamos enfadados y estas acciones son coherentes con el estado de ánimo, a la vez que perjudiciales para nuestros hijos.

Los dos primeros niveles representan el estilo de crianza padre-protector. 

Cualquier otro estilo de crianza que no sea el de padre protector es ineficaz, peligroso o traumatizante. 

Un ejemplo de crianza ineficaz es el estilo padre-amigo. Por desgracia, a veces los padres quieren ser amigos de sus hijos. En primer lugar, esto no es real: no puedes ser amigo de tu hijo, que tiene otros amigos. Y en cuanto intentas convertirte en su amigo, tú y tu hijo estáis al mismo nivel, por lo que pierdes tu capacidad de ser protector. 

Un ejemplo de crianza peligrosa es el estilo padre-sirviente. Frecuentemente, a través del proceso de transacción con un niño emocionalmente desregulado con comportamientos desafiantes, los padres se convierten en sirvientes. Esto significa que se empiezan a acomodar al niño para evitar que estalle. Esto es comprensible, ya que los niños desregulados conductualmente pueden hacer la vida de las familias muy penosa y nadie quiere una rabieta de 3 horas. Así que los padres empiezan a pasar de puntillas por su hijo, y entonces es el niño el que lleva la voz cantante y se convierte en el rey o la reina de la casa. A primera vista, puede parecer que el niño está contento con esta situación. Pero todos podemos dar fe de que su funcionamiento sigue deteriorándose, sus demandas y problemas siguen aumentando y toda la familia sigue sufriendo de todos modos. La cuestión es que este niño está desprotegido. Su sentido de vuelve vulnerable. Y nadie le enseña qué hacer en lugar de los arrebatos y se descontrola cada vez más. Además, el mensaje que este niño está recibiendo, cuando un padre es complaciente es: “No tengo el control, no sé qué hacer contigo, te tengo miedo, ¡eres un Monstruo!”. El sentido de amor propio, de seguridad y de pertenencia del niño se ven significativamente dañados en el proceso de acomodación. Y si un progenitor es un sirviente, el niño lo tratará en consecuencia: con falta de respeto. Ese padre será maltratado verbal e incluso físicamente. Si queremos respeto, tenemos que ganárnoslo. 

Un ejemplo de crianza traumatizante es el estilo padre-agresor. Este estilo de crianza incluye 1) invalidación dañina: criticar, culpar, avergonzar, comparar, amenazar, interrogar, tomar represalias, usar el silencio, juzgar, etc.; y 2) invalidación traumática: abuso verbal, emocional, físico y sexual. Si otras personas juzgan o critican a un niño, o son verbal o físicamente abusivas, esto es terrible PERO este niño todavía tiene protección. Si un protector se convierte en agresor, entonces su hijo se queda sin protector. Así es como se desarrolla el trauma complejo.  

2. Modelo

Los padres son una autoridad incuestionable para sus hijos. Esto está preprogramado en nuestro hardware desde el nacimiento para aumentar la seguridad, ya que todos ansiamos el control y la libertad de hacer lo que queramos. Nuestra primera palabra suele ser “mamá”, la segunda “papá” y la tercera “¡no!”.  “No” y “pero” son palabras de control. Nuestros hijos pequeños, apenas capaces de andar y hablar, ya quieren ejercer el control. Y así son las cosas. Si la naturaleza no preprogramara la tendencia a aprender del modelado paterno, todos intentaríamos aprender de nuestros propios errores y probablemente pereceríamos. Un magnífico ejemplo de ello es el fenómeno de la sobreimitación, descubierto a principios de la década de 2000. Consiste en que los niños repiten lo que hacen sus padres aunque las respuestas de éstos sean obviamente irrelevantes para el objetivo. El fenómeno de la sobreimitación es una programación puramente humana, ya que no la compartimos con otros animales. Un ejemplo: un padre demuestra cómo sacar una manzana de una caja. Primero, corre alrededor de la mesa, luego se da un golpecito en la cabeza, a continuación acaricia una tapa con una pluma y, sólo después de todas estas acciones irrelevantes, saca una manzana de la caja. Un mono no hará ninguna de estas “monerías”, ya que irá directamente al último paso y sacará una manzana de la caja. Pero un niño humano repetirá tantos pasos como recuerde, dada su edad cronológica. Esto significa que los niños humanos consideran todas las acciones de sus padres como – probadas y demostradamente necesarias, aunque al niño le parezcan irrelevantes. Así es como las culturas y las religiones se transmiten de generación en generación. 

Así, cuando le dices a tu hijo “eres un idiota”, él puede mandarte al infierno y decirte que tú también lo eres, pero esto es a nivel consciente.  En el nivel inconsciente: “mi padre me llamó idiota; por lo tanto, soy idiota”. Ser una autoridad incuestionable es poder y responsabilidad. Y esto es una declaración de esperanza: ¡podemos programar a nuestro hijo como queramos, dentro de los límites de su constitución biológica! E incluso estos límites pueden ampliarse. Por ejemplo, un niño sensible, creativo y empático puede convertirse en un sociópata mediante el abuso sistemático. 

Por tanto, modele todo lo que quiere que su hijo haga y evite modelar lo que no quiere que haga. Como otras fórmulas de crianza, ésta es sencilla, pero no fácil. 

3. Enseñe

Enseñe a su hijo respuestas eficaces. Déle instrucciones directas y ayúdele a desarrollar la capacidad de utilizar este conocimiento. Saber qué hacer es necesario, pero no suficiente. La capacidad de utilizar este conocimiento viene de la práctica, como practicar habilidades en el “modo simulado”. 

Desafortunadamente, la mayoría de las prácticas parentales empiezan cuando ya está ocurriendo algo. Sólo hay 3 formas de responder durante un acontecimiento: 1) me gusta, lo refuerzo con elogios y puntos; 2) no me gusta y es seguro, lo ignoro; y 3) es inseguro, lo reprimo con un castigo leve. Pero esto no es crianza. Son los resultados de la crianza. Si reforzamos a nuestro hijo por comportamientos eficaces, significa que hemos contribuido a una programación eficaz. Si tenemos que ignorar o castigar a un niño, significa que hemos contribuido a una programación inadaptada. 

La crianza tiene lugar entre incidentes y consiste en 1) modelar comportamientos adaptativos, 2) enseñar qué hacer y qué no hacer, 3) practicar estas habilidades con el niño para darle la capacidad de utilizar este conocimiento cuando lo necesite, 4) utilizar la validación como base principal del cambio, 5) proporcionar reestructuración cognitiva, 6) buscar patrones para comprender la función de los comportamientos del niño, etc.

Ponerlo todo junto

Como todo en la vida, la crianza de los hijos es una tarea muy estratégica. Tenemos que conseguir que nuestros hijos alcancen unos niveles de madurez medianamente adecuados, para que puedan aventurarse en el mundo exterior, que no es tan solidario, comprensivo y protector como dentro de la familia y puedan desenvolverse bien. Se trata de un objetivo a largo plazo, que requiere pensar en varios pasos. La estrategia consiste en ganar la guerra en lugar de cada batalla individual. Ganar una batalla es cuestión de táctica. Las victorias o derrotas tácticas suelen ser irrelevantes para ganar una guerra. Podemos perder tácticamente y ganar estratégicamente, y al revés. Por ejemplo, ignorar una rabieta puede hacer que un niño grite durante 5 horas: pérdida táctica, pero maravillosa victoria estratégica, ya que si se ignora constantemente, este comportamiento se extinguirá. Puedes validar a un niño durante una rabieta o apaciguarlo cediendo y pasar una velada tranquila en la que todos disfruten de la compañía de los demás. Una victoria táctica, pero una terrible derrota estratégica, ya que has enseñado a tu hijo que la fuerza es la forma de resolver los problemas y has reforzado ese comportamiento, por lo que tu hijo seguirá teniendo rabietas en el futuro. 

Ser padres no consiste en dar a tus hijos techo y comida y arrastrarlos a actividades extraescolares. Las estrategias que acabamos de exponer consisten en dar a tu hijo la capacidad de quererse a sí mismo, tal como es, de controlar lo único que realmente puede -sus pensamientos, acciones, emociones y biología- y de relacionarse con otras personas. El principal objetivo de la crianza es fomentar el desarrollo de los sentidos fundamentales del amor propio, de seguridad y de pertenencia, a fin de que nuestros hijos puedan tener una relación sana consigo mismos, aprendiendo de nosotros, a cómo darse a sí mismos. Gracias a ello, podrán establecer y mantener relaciones sanas con otras personas, adquiriendo la capacidad de entregarse a los demás.

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